


Puebla no se entiende sin sus moles, tampoco sin sus chalupas, sus cemitas, sus chiles en nogada. Pero la cocina poblana es, sobre todo, un acto de memoria. Lo aprendí al otro lado de la mesa de Rubén Araujo, tercera generación de Fonda Santa Clara. En sus palabras, la tradición no es un adorno. Es una herencia que se cocina a diario desde 1965. Este es el segundo capítulo de nuestros Recorridos Gastronómicos por México.