Cuando se habla del nuevo proyecto de Paul Thomas Anderson (One Battle After Another), la expectativa no es menor. Después de construir una de las filmografías más sólidas del cine contemporáneo (de Boogie Nights a There Will Be Blood, pasando por The Master y Licorice Pizza), el director regresa con One Battle After Another, una película que no solo amplía su ambición formal, sino que reafirma su obsesión por los hombres quebrados en sistemas aún más rotos.
Política, paranoia y movimiento

Inspirada libremente en la novela Vineland de Thomas Pynchon, la cinta se mueve entre el thriller político y el drama generacional. Anderson sitúa la historia en un Estados Unidos que vibra entre el desencanto y la vigilancia, donde los fantasmas de los movimientos contraculturales chocan con una maquinaria institucional implacable.
Visualmente, la película se siente nerviosa. Cámara en constante desplazamiento, planos largos que tensan la conversación y una edición que alterna introspección con estallidos de acción. No es el clasicismo solemne de Phantom Thread, sino algo más áspero, más urgente. PTA parece menos interesado en la elegancia y más en la fricción.
El peso de las actuaciones

El elenco, encabezado por Leonardo DiCaprio, sostiene la película desde la ambigüedad moral. Su personaje no es un héroe tradicional, sino un hombre atrapado entre ideología, memoria y supervivencia. Anderson vuelve a hacer lo que mejor sabe: filmar rostros en crisis. Miradas que dicen más que cualquier monólogo.
Hay ecos de The Master en la tensión ideológica y rastros de There Will Be Blood en la confrontación silenciosa entre individuos y estructuras de poder. Pero aquí el conflicto es más contemporáneo; menos épico, más caótico.
Sonido y textura
Como es habitual, la música juega un papel central. La partitura de Jonny Greenwood acompaña sin subrayar, creando una atmósfera inquietante que respira con la narrativa. Greenwood y Anderson vuelven a confirmar una de las colaboraciones creativas más consistentes del cine actual.
La dirección de arte y el diseño de vestuario construyen un universo que parece retro y presente al mismo tiempo, un limbo temporal que potencia el comentario político sin convertirlo en panfleto.
¿Película de premios?

One Battle After Another también representa, inevitablemente, el regreso de Anderson a la conversación de premios. Aunque el director ha sido nominado múltiples veces al Oscar (con 11 nominaciones acumuladas a lo largo de su carrera), sigue sin obtener la estatuilla competitiva. Esta película podría ser su jugada más frontal hacia esa consagración.
Pero más allá del circuito de premios, lo interesante es cómo PTA parece dialogar con su propia filmografía: menos romanticismo californiano, más desencanto estructural. Una película que no ofrece respuestas fáciles, sino que expone la fatiga ideológica de toda una generación.