Una buena mesa, algo de azar y mucho sabor: Salazar

Entre un ambiente cálido, ingredientes de temporada y una carta inspirada en los sabores de Veracruz, Salazar propone una experiencia que funciona tanto para una comida de negocios como para una cena entre amigos.
Salazar

Hay algo curioso en comer en Reforma: la zona está llena de restaurantes, pero muchos parecen pensados para prolongar la jornada de oficina. Salazar no se siente así. Es un espacio cálido, con un servicio atento y una cocina que actualmente encuentra su personalidad en los productos de temporada y en la mirada del chef que está al frente.

 

El propio nombre explica una parte de la experiencia. Salazar nace de unir “sal” y “azar”: dos palabras que hablan de sabor, pero también de la posibilidad de que cada visita sea distinta. Esa idea se refleja en una carta que cambia y en una cocina que aprovecha lo que encuentra disponible para construir su propuesta.

 

En esta etapa, el chef ha llevado a la mesa un menú con un marcado acento costeño, utilizando esa referencia como punto de partida para platos que van del pescado a la carne, sin dejar de lado entradas más frescas y opciones para compartir.

 

Fuimos a probarlo y encontramos un restaurante que vale la pena tener en el radar, sobre todo si buscas una comida bien hecha en un espacio agradable, sin que la experiencia tenga que sentirse excesivamente formal.

 

Salazar

 

Para empezar, al centro de la mesa

 

Nosotros empezamos compartiendo. El arroz criollo con edamames y frijoles, ajo confitado y cilantro fue una buena manera de abrir la comida. Tiene suficiente sabor para no pasar desapercibido, pero mantiene la ligereza necesaria para seguir explorando la carta.

 

La ensalada de jitomates va por otro camino: fresca, sencilla y bien resuelta. Es de esos platos que no necesitan demasiadas explicaciones para funcionar.

 

Luego llegaron los elotitos. Aquí sí hacemos una recomendación: pídelos. La salsa es difícil de explicar sin caer en exageraciones, así que mejor dejamos que la pruebes.

 

El brioche que acompaña la mesa también merece una mención. Es esponjoso, ligeramente dulce y de esos panes que desaparecen antes de que alguien se dé cuenta.

 

 

Entre el mar y la tierra

 

Para los fuertes probamos dos opciones que muestran bien el rango del menú actual.

 

El pescado a la veracruzana es quizá el plato que mejor expresa la dirección que el chef está dando a Salazar. Hay una referencia evidente a los sabores de la costa, pero la preparación no busca ser una reproducción literal de una receta tradicional. El resultado es un pescado fresco, acompañado por una salsa con carácter y suficiente acidez para mantenerlo ligero.

 

El chamorro va por otro camino. Es contundente, suave y prácticamente se deshace al cortarlo. La salsa, preparada con los propios jugos de la carne, concentra todo el sabor y hace que el plato sea difícil de dejar a medias, y el puré de papa no está igual de delicioso.

 

Si tu idea de una buena comida incluye un plato de carne que llegue a la mesa y cumpla exactamente con lo que prometía, este sería uno de nuestros pedidos para volver.

 

Y sí, dejamos espacio para el postre

 

Llegados a este punto ya habíamos comido suficiente pero no importó demasiado.

 

El pastel de tres leches con coco fue nuestro favorito. El pastel tiene la textura húmeda que uno espera de un tres leches, pero los trozos de coco aportan una textura y un sabor que lo llevan a otro lugar. Si te gusta el coco, este es de esos postres que conviene pedir aunque tengas que compartirlo.

 

El flan es más clásico y cumple con lo que uno espera: suave, cremoso y con una consistencia muy bien lograda.

 

 

Para acompañar la mesa

 

La experiencia estuvo acompañada por tres cócteles: Espresso Martini, Paloma de toronja y St-Germain Spritz.El Espresso Martini tiene un perfil más intenso y funciona para quienes prefieren algo con presencia.

 

La Paloma de toronja es mucho más fresca y cítrica, mientras que el St-Germain Spritz se mueve hacia un registro ligero y floral.

 

Para una comida larga, nosotros elegiríamos la Paloma o el Spritz. El Espresso Martini lo dejaríamos para cuando la comida ya terminó y la noche todavía tiene planes.

 

¿Volveríamos?

 

Sí, totalmente. No solo porque Salazar intente ser el restaurante más revolucionario de Reforma sino porque no parece estar intentando demostrar nada.

 

Hay una cocina con una dirección clara, un chef que está imprimiendo su propia lectura a los sabores costeños, una carta que puede cambiar con la temporada y un espacio que permite comer con calma.

 

Lo recomendamos para una comida de negocios que no quieras que se sienta como comida de negocios, para una cena con amigos o para una comida familiar en la que la sobremesa importe tanto como el primer plato.

 

Salazar

Avenida Paseo de la Reforma, Reforma 333-Piso 8, 06500 Ciudad de México, CDMX

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