Hace 26 años, durante el inicio del nuevo milenio, se estrenó una película que se volvería todo un referente cultural para nuestra generación: American Psycho. Por buenas y también por malas razones, no es una cinta que te haga sentir indiferente.
La historia que originalmente era una novela de Bret Easton Ellis, fue llevada a la gran pantalla de la mano de la directora Mary Harron y para el papel del protagonista tuvimos al inolvidable Christian Bale, con uno de esos personajes que elevaron su carrera al siguiente nivel.
El punto era traer a la vida a Patrick Bateman, que, si bien no es el ser humano más ejemplar, se volvió muy recordado por la cantidad de productos que usaba para su cuidado personal, así como por su estilo de vestir, con la formalidad de los grandes empresarios estadounidenses de los 80’s.
Es por ello que vale la pena volver a ver American Psycho, como un filme que emana una era nostálgica de la moda y nos cuestiona sobre lo que significa ser nosotros mismos.

Productos y estilo como identidad del hombre
El traje Valentino de raya diplomática es sin lugar a dudas la vestimenta que uno más recuerda de American Psycho. Por su color carbón, chaqueta cruzada, forma de caja y solapas de muescas largas. Una elegancia conservadora de los 80’s, curiosamente portada por alguien no tan conservador.

Durante la trama Bateman usa gafas de Oliver Peoples, una marca estadounidense y de manufactura japonesa muy populares en los 90’s. Con una elegancia desbordante que les convirtieron en clásicos instantáneos que nunca pasaron de moda.

Así como un reloj SEIKO 5, que en realidad tenía que ser un Rolex para tener más fidelidad con el libro, pero por temas de derechos y que la empresa no quería su imagen asociada Bateman, condicionaron su aparición en la historia.

La verdadera voz del hombre detrás de su traje
Patrick Bateman en realidad es un personaje que no tiene una voz propia, es un cascarón vacío. Por mucho que intente aparentar en el mundo empresarial, realmente ese no es el lugar donde quisiera estar en realidad, donde pueda demostrar quién es.
Al final nos damos cuenta de que su demostración de quién es no sirve de mucho, después de todo, aún con todos sus crímenes es un ser totalmente intercambiable entre sus compañeros. Que intenta que le guste la nueva música de Robert Palmer, frecuenta el exclusivo Dorsia y pareciera que sus opiniones personales de canciones son, en realidad, sacadas de otros lugares y no de su mente.
Esa es la moraleja de American Psycho, que nuestro estilo sea una extensión de nosotros y no todo lo que somos.

Christian Bale, el camaleón de la actuación
Desde que era pequeño, Christian Bale ya destacaba por completo y se posicionó como una joven promesa finales del siglo XX en El Imperio del Sol de Steven Spielberg. En su etapa madura vimos su gran rango actoral, como un asesino narcisista en American Psycho, y también entendimos que tenía la destreza suficiente para cambiar su complexión física según el rol que tuviera, como en el Maquinista, la trilogía de Batman de Nolan y Vice, entre otras.
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En definitiva, es uno de los actores más consolidados, con una carrera que creció enormemente en el siglo XXI y que nos sigue motivando con cada uno de sus papeles, incluso sus personajes oscuros como Patrick Bateman tienen algo que decirnos.
Desde la enseñanza de no ser como él, hasta tomar lo poco bueno que tenía como su buen gusto estético, aunque quizás nunca haya sido propio y ahí está lo relevante, nunca dejar que la superficialidad se convierta en nuestra prisión.
