Timothée Chalamet tiene el ego por las nubes, y no es casualidad. “Marty Supreme” es la nueva película protagonizada por Timothée Chalamet, pero no es solo eso: Chalamet la convirtió en un statement cultural.
Dirigida por Josh Safdie (en solitario), Marty Supreme ha tenido muy buena recepción por parte de la crítica y, claro, a nivel comercial. Es un filme aclamado por su estilo, su narrativa y, por supuesto, por la actuación de Timothée Chalamet; la actuación de su vida nos la da interpretando a Marty Mauser, trabajo que ya le ha valido una nominación al Óscar este año 2026.
Hay que reconocer que Safdie lleva la cinta por ese territorio que conoce bien: personajes obsesivos, ambición desmedida, energía nerviosa y una masculinidad lejos del ideal heroico. Aquí no hay épica clásica ni redención fácil; hay impulso, ego, contradicción y deseo de trascender, incluso cuando el mundo no parece tomarte en serio.
Como en Uncut Gems, pero esta vez en una película que ha trascendido más allá. Sobre todo, porque marca un punto de inflexión para Chalamet. El actor da el papel de su vida, pero más allá de “demostrar” algo como actor (eso ya lo hizo hace años), Timothée toma el control del discurso.

Dejó de ser un intérprete para encargarse de toda su imagen. Solo hay que ver el marketing alrededor de la película y analizar la personalidad de Timothée: tiene la mentalidad de Marty Supreme.
En la película, Chalamet entrega una de sus interpretaciones más físicas y menos complacientes. Su Marty es obsesivo, infantil por momentos, egoísta sin disculpa. No busca simpatía; busca reconocimiento. Y ahí está el núcleo de la película: no se trata de ganar, sino de ser visto.

Claro que Marty Supreme no es perfecta. El primer acto te hace creer que estás por ver otra biopic; después de eso, comienza el caos. La película avanza, pero muchas veces se concentra más en su atmósfera que en dejar un mensaje final, y eso resulta frustrante para quien espera un arco más claro o una recompensa emocional más clásica.
Safdie elige anteponer la experiencia a la comodidad, y eso puede dividir opiniones. Al final, puede que te cueste asimilar lo que acabas de ver o que no puedas sentir nada más allá que el estrés.
Una de las decisiones que explican por qué la película es como es, se debe a que toma inspiración del personaje histórico Marty Reisman y se da la libertad de reinterpretarlo.

Marty Supreme es una historia del camino a la madurez, o, en este caso, el camino de Marty para convertirse en el mejor jugador de ping pong del mundo. Aunque hay que decirlo, la película te vende el mensaje de: “El fin justifica los medios”.
El elenco es otra de las grandes decisiones; tenemos el debut actoral del rapero Tyler, The Creator y del tiburón de Shark Tank, Kevin O’Leary. De verdad, no vas a notar que es su primer trabajo de actuación formal.
@a24 Introducing Tyler Okonma. Behind the scenes of #MartySupreme ♬ original sound – A24
Al final, Marty Supreme no es una obra redonda ni pretende serlo. Es inquieta, irregular y provocadora. Tiene una actuación central sólida y una dirección que apuesta más a los nervios que a la claridad.
No es para todos, pero sí te va a dejar algo más que un mensaje final: conversación.