Del 17 al 22 de marzo, el festival Open House CDMX transforma la ciudad en un gran recorrido arquitectónico. Durante esos días, distintos espacios emblemáticos abren sus puertas al público para explorar cómo se diseñan, se viven y se transforman los edificios que forman parte del paisaje urbano.
En esta edición, el eje central del festival es la adaptación para el futuro, una reflexión sobre cómo la arquitectura puede responder a los desafíos sociales, urbanos y ambientales de las ciudades contemporáneas.
Arquitectura que conecta historia y territorio
Entre los espacios participantes destaca el Museo Diego Rivera Anahuacalli, uno de los proyectos arquitectónicos más singulares de la capital. Concebido por Diego Rivera, el edificio se levanta con piedra volcánica extraída del propio paisaje del sur de la ciudad, lo que le da una presencia monumental y profundamente ligada al territorio.

Su diseño se inspira en la arquitectura prehispánica y en las formas de los templos mesoamericanos, reflejando la fascinación de Rivera por las culturas originarias y su intención de crear un espacio que dialogara con la historia profunda de México. Más que un museo convencional, el Anahuacalli fue pensado como un proyecto cultural integral.
Rivera imaginó este edificio como un lugar donde su colección de arte prehispánico pudiera convivir con nuevas expresiones artísticas y donde la arquitectura funcionara como un puente entre pasado y presente.
Sus muros de piedra oscura, sus patios abiertos y sus espacios interiores crean una experiencia que va más allá de la exhibición: invitan a recorrer el edificio como si se tratara de una pieza escultórica habitable. En el contexto del festival, visitar el Anahuacalli permite reflexionar sobre cómo ciertos proyectos arquitectónicos pueden mantener viva la memoria cultural mientras se adaptan a nuevas formas de uso y de interpretación.
La casa como espacio creativo
Otro de los lugares que forman parte del recorrido es la Casa Manuel Álvarez Bravo, residencia del reconocido fotógrafo Manuel Álvarez Bravo, una de las figuras más importantes de la fotografía latinoamericana del siglo XX.
Este espacio ofrece una mirada íntima a la vida cotidiana del artista y a la forma en que el entorno doméstico puede convertirse en una extensión del proceso creativo. La casa conserva elementos que permiten imaginar cómo el fotógrafo habitaba y observaba la ciudad desde ese lugar.

Más que un simple hogar, el espacio funcionó durante años como un punto de encuentro para artistas, intelectuales y fotógrafos que formaron parte de la vida cultural de México. Los espacios interiores, las ventanas que conectan con la luz natural y la organización de los cuartos revelan cómo la arquitectura puede influir en la manera en que se produce y se piensa el arte.
En el contexto de Open House CDMX, recorrer esta casa también invita a pensar en la relación entre arquitectura y creatividad.
Las viviendas no solo son refugios cotidianos: muchas veces se convierten en laboratorios personales donde artistas, escritores o fotógrafos desarrollan su obra. La Casa Manuel Álvarez Bravo muestra precisamente esa dimensión más íntima de la arquitectura, donde el espacio doméstico se transforma en escenario de ideas, imágenes y encuentros culturales.
Más que visitar edificios
El valor de Open House CDMX no está únicamente en los edificios que se pueden recorrer, sino en la mirada que propone. En un momento donde las ciudades enfrentan cambios constantes, abrir estos espacios al público es también una invitación a reflexionar sobre cómo queremos vivir y construir los entornos del futuro.
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