Hay algo particularmente atractivo en las personas que entienden que el éxito no consiste en eliminar las dudas, sino en aprender a convivir con ellas.
Cuando Samantha Acuña habla de su carrera, no lo hace desde la narrativa prefabricada de quien asegura tener todas las respuestas; por el contrario, la actriz mexicana reconoce que gran parte de su crecimiento profesional ha estado ligado a aceptar la incertidumbre y la constante transformación que implica dedicarse a un oficio tan expuesto como la actuación.
En el marco de la celebración por el estreno de la quinta temporada de Rosario Tijeras, una de las producciones más populares de Netflix, Acuña se encuentra en un momento distinto al de aquella joven que debutó en grandes producciones con Control Z hace seis años. Aunque el público suele asociar la evolución de un actor con personajes cada vez más complejos o proyectos más ambiciosos, para Samantha el verdadero cambio ha ocurrido detrás de cámaras.
El oficio de aprender
Durante los últimos años, Samantha ha dedicado tiempo a perfeccionar herramientas técnicas, estudiar métodos de construcción de personajes y rodearse de colegas que han contribuido a ampliar su visión del oficio. Entre ellos menciona al actor Luis Curiel, con quien compartió pantalla tanto en Control Z como en Rosario Tijeras.
“Me enseñó muchísimo sobre el trabajo de mesa, sobre analizar personajes y entender realmente lo que estás contando”, explica.
La reflexión resulta especialmente relevante en una época donde la inmediatez parece dominar todas las industrias creativas; la actuación continúa siendo un ejercicio que exige paciencia, observación y profundidad. Por ello, Samantha habla de su profesión como un proceso permanente de aprendizaje.

La sensibilidad como fortaleza
Si existe una palabra que apareció constantemente durante la conversación es sensibilidad; durante años, Acuña intentó comprender esa característica de su personalidad y hoy la considera una de sus mayores fortalezas.
“He aprendido a no sentirme mal por sentir tanto”, afirmó.
Para Samantha, la sensibilidad no es un obstáculo profesional, es una herramienta que le permite conectar con personajes complejos y explorar emociones que, de otra manera, resultarían inaccesibles; esa capacidad ha sido fundamental para construir a Rubí, el personaje que interpreta en la nueva temporada de “Rosario Tijeras”. Un personaje que habita un universo marcado por la violencia, el dolor y las contradicciones humanas.
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El precio emocional de contar historias
Samantha explicó el cómo enfrenta la carga emocional de interpretar personajes intensos. Lejos de la idea de “entrar y salir” fácilmente de un papel, Acuña reconoce que todavía se encuentra aprendiendo a gestionar ese proceso.
“Mi cuerpo no sabe que estoy actuando”, explica.
La observación resulta reveladora. Mientras la mente entiende que una escena es ficción, el cuerpo responde a los estímulos emocionales como si fueran reales. Es por esa razón que necesita tiempo para prepararse antes de una secuencia exigente y también para regresar a sí misma una vez que termina el rodaje.
Después de meses interpretando a Rubí, volver a Samantha no ocurre de forma inmediata; la terapia, los viajes, el contacto con amigos y la cercanía de su familia se han convertido en herramientas fundamentales para reencontrarse con su propia identidad.
“No quiero contar historias a medias”, asegura.
Esa decisión implica asumir tanto la belleza como el desgaste emocional que acompaña al oficio.

La exposición y el arte de no buscar aprobación
Un tema inevitable para cualquier figura pública contemporánea son las redes sociales. En una industria donde la validación externa parece formar parte del trabajo, Samantha reconoce que ha tenido que aprender a desarrollar una relación más saludable con la opinión ajena y, en ese sentido, la experiencia reciente con Rubí ha sido particularmente interesante para ella.
Mientras el personaje despierta rechazo entre muchos espectadores, la actriz ha tenido que separar los comentarios dirigidos a la ficción de aquellos dirigidos a ella como persona. La experiencia le ha permitido confrontar una característica que reconoce en sí misma: el perfeccionismo y el deseo de agradar.

Más allá de la pantalla
Samantha ha encontrado en proyectos paralelos una forma de mantener el equilibrio. Su podcast Charlas con Confianza nació precisamente de la necesidad de abrir conversaciones más humanas sobre ansiedad, salud mental, depresión y las complejidades de la vida cotidiana; lejos de la imagen idealizada que suele proyectarse en redes sociales, el proyecto busca recordar que detrás de cualquier perfil público existen personas atravesando procesos similares a los de cualquiera.
Para Samantha Acuña, la actuación no es un camino hacia la fama, más bien es una herramienta para conocerse mejor y que el éxito sólo viene como consecuencia de poner el corazón en las cosas. En un tiempo obsesionado con proyectar certezas, resulta refrescante escuchar a alguien que encuentra valor precisamente en seguir aprendiendo.
En este sentido nos enseña que entender que el crecimiento no consiste en tener todas las respuestas, sino en continuar haciéndose las preguntas correctas.
