Hay regresos que funcionan como una mirada al pasado y otros que permiten entender cuánto hemos cambiado desde entonces. Para José Daniel Figueroa, volver a Hoy no me puedo levantar 20 años después reúne ambas posibilidades. El actor forma parte de 20 años después de Hoy no me puedo levantar, una nueva propuesta que revisita los espacios, personajes y recuerdos de aquel musical que marcó un momento importante para varias de las carreras que participaron en él.
La coincidencia no pasa desapercibida para Figueroa. Regresar al teatro que vio despegar su carrera junto a sus compañeros representa también la oportunidad de reconocer el camino recorrido.
“Lo más emocionante de todo esto es que 20 años después seguimos todos trabajando de esto”, comparte.

Un reencuentro que no vive solamente de la nostalgia
Aunque el proyecto parte de un universo que forma parte de la memoria colectiva, Figueroa tiene claro que la propuesta no busca reproducir aquella experiencia. La música de Mecano permanece como uno de sus grandes vínculos con el público, pero la puesta en escena propone una nueva lectura de lo que ocurrió hace dos décadas y de dónde se encuentran hoy quienes fueron parte de aquella historia.
Para el actor, parte de la vigencia está precisamente en entender que las canciones no han envejecido. A ellas se suma una producción que apuesta por una experiencia escénica de alto nivel, con iluminación, visuales, coreografía y música construidas para acompañar esta nueva etapa.
El resultado, cuenta, ha sido recibido con una respuesta que va más allá del recuerdo: risas, lágrimas, canciones coreadas y espectadores que se levantan a bailar forman parte de las primeras funciones.

La actuación también consiste en soltar el control
A lo largo de su carrera, Daniel ha interpretado personajes muy distintos. En Hoy no me puedo levantar, por ejemplo, dio vida a Guillermo y posteriormente a Colate, dos personajes que le exigieron aproximaciones diferentes aun cuando compartían un mismo contexto histórico. Su método parte de algo tan sencillo como leer: regresar una y otra vez al texto para encontrar las claves que el autor dejó sobre el personaje.
Pero con los años también ha aprendido a dejar espacio para que el personaje aparezca por sí mismo.
“Cada vez me vuelvo menos control freak”, explica. Para él, trabajar desde la relajación física, mental, espiritual y vocal permite que el personaje encuentre su propia forma de existir.
Esa idea se ha convertido en algo más amplio que una herramienta actoral. Figueroa reconoce que también ha aprendido a soltar la necesidad de controlar aquello que sucede en la vida. “Uno no puede controlar nada en la vida”, reflexiona, entendiendo que el tiempo y las circunstancias también terminan llevando las cosas hacia donde tienen que estar.
Veinte años después, la verdadera celebración es seguir creando
Quizá la parte más significativa de este regreso está en lo que representa para el propio actor. Al mirar al José Daniel de hace dos décadas, encuentra a alguien que probablemente estaría orgulloso de saber que siguió insistiendo.
La resiliencia se ha convertido en una de las palabras que mejor definen esta etapa de su carrera. Incluso frente a momentos laborales y económicos complicados, asegura que él y sus compañeros no dejaron de buscar nuevas formas de crear. Hoy prefiere disfrutar el presente antes que vivir pendiente de lo que ya pasó o de lo que todavía no sucede.
“Si estamos viviendo en el futuro o en el pasado, nos perdemos lo que está sucediendo aquí y ahora”, dice.
Y ese presente también viene acompañado de nuevos proyectos. Figueroa trabaja en un proyecto televisivo que comenzará a grabarse en noviembre, prepara un unipersonal que espera llevar al escenario el próximo año y participa como coproductor de La Casa Encantada, una obra alrededor de un episodio poco conocido de Federico García Lorca en La Habana. Además, trabaja por primera vez en la producción de un EP propio, con la intención de llevar su música a plataformas antes de que termine el año.

Volver a conectar
Para Figueroa, el teatro también representa una oportunidad de recuperar algo que la vida digital ha vuelto cada vez más difícil: la conexión directa entre personas.
Por eso, su invitación al público no se limita a asistir a la obra. Propone dejar durante un momento los teléfonos y enfrentarse a la experiencia de estar frente a otros seres humanos, compartiendo una historia en el mismo espacio.
Quizá ahí está el verdadero sentido de este regreso: no se trata únicamente de volver a una historia que comenzó hace 20 años, sino de descubrir qué significa encontrarse con ella desde quienes somos hoy.
Porque algunas historias no regresan para repetir el pasado, sino para mostrarnos cuánto hemos cambiado.