Hay experiencias que trascienden el simple acto de degustar una copa de vino. Son encuentros que apelan a la curiosidad, al placer de descubrir nuevas historias y al deseo de viajar sin necesidad de tomar un avión.
Eso fue precisamente lo que logró Hacienda Laborcilla durante la primera edición de su Feria de Vinos Italianos, una velada que reunió a amantes del vino, la gastronomía y el estilo de vida sofisticado.
La noche del 12 de junio, el recinto reunió armónicamente el sabor de las regiones vinícolas más importantes de Italia. El evento fue concebido como una experiencia inmersiva donde cada detalle buscó transportar a los asistentes al corazón de la cultura italiana.
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Cada sorbo cuenta una historia
En compañía de 129 amantes del vino, fueron cinco las estaciones temáticas que guiaron el recorrido. Desde los paisajes alpinos del Alto Adige hasta los viñedos clásicos de Sicilia, cada espacio recreó el carácter y la personalidad de una región distinta.
La propuesta invitaba la identidad que existe detrás de cada botella: las tradiciones familiares, los métodos de producción y las particularidades de cada terroir en las 23 etiquetas seleccionadas.
En este sentido, la Feria demostró a un público con ansias de conocimiento que el vino nunca ha sido únicamente una bebida sino una extensión del estilo de vida; pues desarrollar un criterio propio alrededor de él es parte de apreciar las cosas por su valor como experiencia y con tantos años de añejamiento, así como de tradición, estos vinos realmente tienen mucho que decir.
Cabe destacar que la gastronomía también desempeñó un papel fundamental. Los maridajes fueron pensados para resaltar las características de cada etiqueta, generando combinaciones que permitieron apreciar mejor los matices y complejidades de los vinos presentados. Una integración cuidadosamente curada para mantener el sabor puramente italiano en tu mesa, copa y paladar.

El ambiente ideal para degustar
De la mano de una selección musical a cargo del DJ residente de The Carter Bar, Hacienda Laborcilla construyó un ambiente único envuelto además bajo su exclusivo concepto de coctelería. Lejos de buscar protagonismo, la música cumplió una función precisa: crear una atmósfera elegante que favoreciera el disfrute.
La iluminación, el ritmo de la noche, la atención al invitado y la coherencia entre cada elemento reflejaron una visión clara de hospitalidad, que es inseparable de lo que ha representado la cultura italiana a través del tiempo.

Una experiencia que cerró con broche de oro
Los asistentes recibieron pasaportes vinícolas de edición limitada, un detalle que reforzó el espíritu de exploración que definió la velada. Más allá del objeto en sí, funcionó como símbolo de un recorrido que permitió descubrir nuevas etiquetas, ampliar horizontes y conectar con una de las tradiciones vinícolas más influyentes del mundo.
Con esta primera edición, Hacienda Laborcilla no sólo celebró la riqueza de los vinos italianos; también confirmó que Querétaro continúa consolidándose como un destino capaz de albergar experiencias gastronómicas y culturales de primer nivel. La Feria de Vinos Italianos fue mucho más que una degustación: fue una invitación a vivir Italia, una copa a la vez.
