Hay un momento del año en México en el que el naranja empieza a aparecer por todas partes. Primero en los mercados, después en las florerías, en las entradas de las casas y finalmente en los altares. El cempasúchil tiene esa capacidad de anunciar que Día de Muertos está cerca incluso antes de que llegue noviembre.
Su presencia resulta tan familiar que es fácil verla únicamente como parte del paisaje de la temporada. Sin embargo, detrás de sus pétalos hay una historia mucho más antigua y una función precisa dentro de las ofrendas: marcar el camino de regreso para quienes, según la tradición, vuelven a casa durante estos días.
También alrededor de ella existe una de las leyendas más conocidas asociadas con la flor. Xóchitl y Huitzilin, dos jóvenes enamorados, acostumbraban llevar flores a Tonatiuh, dios del Sol. Después de la muerte de Huitzilin, Xóchitl pidió reunirse de nuevo con él. El relato cuenta que Tonatiuh la convirtió en una flor dorada y a Huitzilin en un colibrí. Cuando el ave se acercó, los pétalos se abrieron.
De ahí que el cempasúchil esté ligado también al amor, la ausencia y la posibilidad simbólica del reencuentro.

Una flor que también construye el altar
En una ofrenda, el cempasúchil puede ocupar mucho espacio o aparecer apenas en algunos puntos. La cantidad importa menos que la intención con la que se coloca.
Desde La Flore proponen recuperar el tradicional camino de pétalos que conduce hasta el altar, pero también utilizar la flor para rodear fotografías o crear pequeñas composiciones alrededor de objetos que pertenecieron a la persona recordada.
La elección de los recipientes puede cambiar por completo el resultado. Barro, canastas y piezas artesanales funcionan especialmente bien con el naranja intenso de la flor. Si se busca una composición más ligera, combinarla con flores blancas y follaje verde ayuda a crear contraste sin competir con el cempasúchil.
Tampoco hace falta llenar una habitación. Una fotografía, algunas flores y un objeto personal pueden construir un altar pequeño con mucho más sentido que una composición saturada de elementos.
Que las flores lleguen bien a noviembre
El cempasúchil es resistente, aunque unos cuidados sencillos pueden hacer una diferencia durante los días que permanece en la ofrenda.
La Flore recomienda escoger flores de pétalos firmes, color intenso y tallos que todavía se sientan fuertes. Antes de colocarlas en un florero, conviene hacer un corte diagonal en el tallo y retirar cualquier hoja que pueda quedar debajo del agua.
El agua debe cambiarse cada dos días y los arreglos agradecen mantenerse lejos del sol directo o de fuentes de calor. Los pétalos utilizados para caminos requieren otra lógica: lo mejor es colocarlos cerca de la celebración porque pierden frescura mucho más rápido una vez separados del tallo.

Cada familia termina encontrando su propia manera de colocar el cempasúchil. Hay quien cubre el altar entero, quien construye caminos y quien simplemente deja un pequeño ramo junto a una fotografía.
Quizá por eso la flor sigue apareciendo cada año. Cambian las casas, las personas y la forma de montar las ofrendas, pero el naranja vuelve a ocupar su lugar cuando llega Día de Muertos. Y por unos días, vuelve también la idea de que alguien puede encontrar el camino a casa.