El diseño mexicano está cambiando. Cada vez resulta menos necesario recurrir a códigos visuales evidentes para hablar de identidad. Nuevos estudios están encontrando otras formas de hacerlo a través de los materiales, los procesos y los oficios que existen en distintas regiones del país. Para Shanik Dörrbecker, fundadora de möle studio, ahí está buena parte de la riqueza de la escena actual.
“Tenemos una variedad de materiales, artesanos y técnicas que es indescriptible”, nos cuenta. Esa diversidad permite que dos estudios mexicanos trabajen desde lenguajes completamente distintos sin dejar de formar parte de una misma conversación.
Dörrbecker nació en Querétaro, estudió arquitectura en la Universidad Iberoamericana y pasó por las prácticas de Tatiana Bilbao y Pedro Reyes, además de trabajar en arquitectura y construcción en Baja California Sur. Ese recorrido entre disciplinas terminó dando forma a möle, un estudio donde arquitectura, arte y diseño pueden convivir dentro de un mismo proyecto.

México está en los materiales
Para Shanik, diseñar desde México no significa necesariamente hacer que un objeto “parezca mexicano” que esté dentro de las convenciones de lo que por muchos años se ha construído lo mexicano desde una visión extranjera.
Durante años, explica, la conversación estuvo muy ligada a imágenes tradicionales fácilmente reconocibles. Su interés está en otra parte: conocer los materiales disponibles en el país, entender cómo se comportan y trabajar directamente con las personas que dominan esos procesos.
En möle, una veta, una marca de sierra o una irregularidad en la piedra no tienen por qué desaparecer.
“Los materiales por sí solos son bellísimos. No se tienen que sobretrabajar y sobreperfeccionar”, explica.
Esa filosofía también atraviesa su relación con talleres y artesanos. Para Dörrbecker, las piezas son resultado de muchas manos y esa participación debe reconocerse. El estudio ha colaborado, entre otros, con talleres especializados en piedra de Chimalhuacán y otras partes de México.
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Mesa Tatema, la primera declaración
La manera de trabajar de möle encuentra una primera expresión en Mesa Tatema, su debut en mobiliario de autor.
La pieza combina parota tatemada y piedra volcánica labrada, conservando las huellas naturales de ambos materiales. La madera pasa por un proceso de quemado que modifica su superficie hasta darle una apariencia casi mineral, mientras la piedra mantiene sus propias irregularidades.
La elección de una mesa también tiene una lógica sencilla. Shanik la entiende como una pequeña arquitectura, pero también como uno de los objetos alrededor de los cuales ocurren más cosas.
“Una mesa es donde te reúnes, una mesa es donde comes, una mesa es donde escribes”.
Mesa Tatema inaugura así una colección que explora el punto de encuentro entre arte, diseño y arquitectura, sin esconder el proceso que hizo posible cada pieza.

Lo que sigue para möle
El estudio planea desarrollar una colección de mobiliario cada año. Esta primera serie continuará con una consola y un sistema modular para colocar objetos, piezas que Shanik prepara para presentar durante Art Week 2027 y que mantendrán el lenguaje material iniciado con Mesa Tatema.
A mayor escala, el objetivo es llevar esa misma filosofía a un proyecto completo donde möle pueda encargarse de arquitectura, interiores, mobiliario, arte e identidad bajo una sola dirección.
En un momento en el que el diseño mexicano amplía sus propios límites, möle propone una mirada que parte menos de cómo debe verse México y más de lo que puede hacerse con sus materiales, sus conocimientos y las personas que los trabajan.