La historia del automóvil es fascinante; cumple funciones prácticas, lleva personas de punto A al punto B. Pero hay modelos que cruzan esa línea y se convierten en objetos de culto, otros alteran la industria e introducen tecnologías que después adoptan el resto de las marcas.
O la más increíble de todas, construyen una mitología alrededor del volante. Así pues, estos tres ejemplos representan cada una de esas dimensiones.
Citroën DS (1955): El diseño que llegó del futuro
Citröen presentó el DS en el Salón del Automóvil de París de 1955. Los periodistas no encontraron palabras para describirlo. El diseñador Flaminio Bertoni imaginó una silueta que parecía un platillo volador.
La carrocería aerodinámica ocultaba los pasos de rueda. El techo de chapa formaba una única línea fluida desde el parabrisas hasta la defensa trasera, literalmente, nada se le parecía a eso en la carretera.
La tecnología igualaba la audacia visual. El DS montaba una suspensión hidroneumática que mantenía la altura constante sin importar la carga o el terreno. El sistema usaba esferas de gas nitrógeno y fluido hidráulico.

La conducción se sentía como flotar sobre el asfalto. Los frenos de disco (otra rareza en 1955) se ubicaban en el centro de las ruedas delanteras para reducir el peso no suspendido.
El DS se volvió el coche favorito de políticos, artistas y escritores. Lo usaban Charles de Gaulle y Roland Barthes (que escribió un ensayo sobre su belleza).
El diseño del DS influyó en generaciones de automóviles. Marcas como Mercedes-Benz adoptaron sistemas hidroneumáticos años después. Hoy, la suspensión adaptativa activa de los coches de lujo debe su existencia a esta idea pionera.

DeLorean DMC-12 (1981): La cultura pop hecha automóvil
John DeLorean, un ejecutivo de General Motors, decidió construir su propio coche, ¿el resultado? el DMC-12, un deportivo de motor central trasero, puertas de ala de gaviota y carrocería de acero inoxidable cepillado.
No usaba pintura, las placas de metal desnudo brillaban bajo el sol. En cuanto a rendimiento, este no destacaba frente a sus competidores (el motor V6 de 130 caballos aceleraba de 0 a 100 km/h en casi nueve segundos).
La producción duró solo dos años (1981-1982). La empresa quebró y el DMC-12 parecía destinado al olvido, pero literalmente, una película lo rescató.

En 1985, “Regreso al Futuro” convirtió al DeLorean en la máquina del tiempo de Doc Brown. El coche con puertas de ala de gaviota se volvió un icono generacional.
Los niños de los ochenta soñaron con alcanzar 88 millas por hora y viajar al pasado. El DeLorean no marcó un avance técnico, pero se instaló en la memoria colectiva. Su silueta aparece en camisetas, videojuegos y carteles. Prueba que un auto también puede ser un ícono cultural sin vender millones.

Tesla Model S (2012): La tecnología que reinventó la cabina
El Tesla Model S aparece aquí por una razón: su impacto en la tecnología automotriz no tiene paralelo en el siglo XXI. El diseño exterior de la berlina eléctrica resultó atractivo, pero lo importante se escondía dentro.
Tesla eliminó los botones físicos. Instaló una pantalla táctil vertical de 17 pulgadas en el centro del tablero. El conductor controlaba la velocidad del aire, la música, los espejos y la apertura del techo desde esa superficie de vidrio. Ningún fabricante se había atrevido a tanto. La industria criticó la decisión por peligrosa o poco práctica.

El tiempo le dio la razón a Tesla. El Model S también introdujo las actualizaciones por aire. Un coche podía recibir nuevas funciones sin ir al taller. Tesla mejoró la aceleración, la autonomía y la seguridad con parches remotos. Hoy, casi todos los autos eléctricos y muchos de combustión cuentan con pantallas centrales grandes y actualizaciones OTA.
La cabina digital nació en el Model S. Marcas como Mercedes-Benz, BMW y Porsche han adoptado el enfoque de Tesla para sus modelos de lujo. El Model S cambió la relación entre el conductor y la máquina.