Óscar Valenzuela y Terrícola: hacer teatro para quienes todavía no van al teatro

El actor, productor y fundador de Terrícola quiere acercar las artes escénicas a nuevas audiencias.
Oscar Valenzuela

Óscar Valenzuela pasó buena parte de su carrera haciendo que los proyectos de otros sucedieran. Durante más de una década trabajó en producción, gestión cultural, arte contemporáneo y eventos. Con el tiempo, esa experiencia detrás de escena terminó llevándolo hacia otro lugar: la actuación y, después, la creación de sus propios proyectos.

 

De ahí nació Terrícola, un estudio enfocado en teatro y performance que Valenzuela concibe como algo más amplio que una compañía teatral. La intención es poder desarrollar una obra desde distintos frentes, desde la producción y la dirección creativa hasta la escenografía, la comunicación o una intervención en el espacio público.

 

Pero hay un objetivo que resume especialmente bien hacia dónde quiere llevarlo: “poner el teatro de moda”.

 

Óscar Valenzuela

 

Sacar el teatro de su propio círculo

 

Valenzuela reconoce una dificultad que atraviesa buena parte del teatro independiente: muchas veces termina hablando para quienes ya forman parte de ese mundo.

 

Terrícola quiere buscar al público en otros lugares.

 

“¿Cómo hago que nuevas audiencias lleguen a mi obra y que aparte se queden, les guste y recomienden?”, plantea durante nuestra conversación. Su estrategia pasa por conectar el teatro con otros territorios como la música, la vida nocturna, la moda y las conversaciones que ya forman parte de la vida cotidiana.

 

Eso también afecta las historias que quiere contar. Le interesan temas contemporáneos, incómodos o cercanos, desde la codependencia y las adicciones hasta la fe, la masculinidad o nuestra relación con la tecnología.

 

“No quiero perder esa belleza del teatro clásico, pero también quiero contar cosas que interesan hoy”, explica.

 

 

Tres proyectos para cerrar el año

 

Los próximos meses serán una primera muestra clara de esa intención.

 

El 15 de octubre estrena El cuerpo presente, una comedia negra sobre la muerte en la que Valenzuela participa como protagonista. La historia comienza con un cadáver que despierta en una morgue minutos antes de una autopsia y utiliza ese punto de partida para hablar de la vida, las relaciones y aquello que permanece cuando alguien se va. Tendrá funciones los jueves a las 8:30 de la noche durante ocho semanas. 

 

Dos días después, el 17 de octubre, llega Rave para Dios, su segunda obra como autor y una de las apuestas principales de Terrícola. Dos personajes quedan encerrados en el baño de un rave de música electrónica y, desde ahí, aparecen conversaciones sobre drogas, fe, ideología, miedo y vacío.

 

Incluso la campaña busca romper con la manera habitual de promocionar teatro. Entrevistas realizadas desde inodoros, colaboraciones con personas vinculadas a la vida nocturna y una comunicación que deliberadamente juega con la duda de si se trata de una obra, una fiesta o un rave forman parte de la estrategia para atraer a un público que quizá normalmente no compraría un boleto de teatro.

 

La temporada comienza en La Teatrería, con funciones los sábados a la 1:00 de la tarde durante cuatro semanas.

 

En noviembre llegará Julio sin Agosto, un texto de una dramaturga mexicana que Terrícola desarrolla en colaboración con Caravan Teatro. La obra aborda relaciones entre padres e hijos, heridas familiares, temática LGBT y distintas formas de masculinidad. Se estrena el 11 de noviembre en La Teatrería, con funciones los miércoles a las 8:00 de la noche. 

 

 

Historias para volver a conectar

 

Cuando le preguntamos qué quisiera que compartieran estos proyectos, pese a sus diferencias, Valenzuela responde con una sola palabra: humanidad.

 

Para él, ahí continúa estando la fuerza del teatro. Cada función ocurre una vez, cambia según los actores y el público, y desaparece cuando termina. Esa condición efímera es precisamente lo que ahora quiere defender desde Terrícola.

 

El siguiente paso será comprobar si esa búsqueda también consigue algo que parece sencillo, pero no lo es: que personas que hoy van a conciertos, fiestas, exposiciones o festivales vuelvan a considerar al teatro como parte de su vida cultural.

 

“Yo necesito que el teatro se ponga de moda porque es muy valioso”, dice.

 

Y Terrícola quiere empezar por ahí.

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