En The Invite, Joe y Angela ya no saben cómo hablarse. Comparten un departamento en San Francisco, una rutina y un matrimonio que parece agotarse frente a ellos. Las conversaciones terminan en reclamos, nadie escucha por completo y cualquier gesto cotidiano puede abrir una discusión. En medio de esa tensión, deciden invitar a cenar a Pina y Hawk, la ruidosa pareja que vive en el piso de arriba.
Esa es la premisa de The Invite, la tercera película dirigida por Olivia Wilde después de Booksmart y Don’t Worry Darling, e interpretando a Angela, mientras Seth Rogen da vida a Joe. Penélope Cruz y Edward Norton completan el cuarteto como Pina y Hawk. El guion fue escrito por Rashida Jones y Will McCormack a partir de Sentimental, la película española de Cesc Gay estrenada en 2020.
Cuatro personas y un departamento
La película ocurre casi por completo dentro del hogar de Angela y Joe. Esa limitación le da un ritmo cercano al teatro: pocos personajes, un mismo espacio y diálogos que cambian la energía de la habitación. La cámara se mueve entre el comedor, la sala, la cocina y los pasillos mientras la cortesía inicial pierde fuerza y cada personaje empieza a revelar lo que realmente piensa.
El departamento también cuenta parte de la historia. Sus muros azulados, los objetos acumulados y la distribución laberíntica reflejan el desgaste de la pareja. El espacio fue construido en un foro de Los Ángeles para reproducir un inmueble antiguo de San Francisco, con habitaciones que acentúan la sensación de encierro y desconexión entre Angela y Joe.
La trama es sencilla: una pareja en crisis recibe a otra que parece conservar la pasión, la complicidad y la seguridad que ellos perdieron. La diferencia entre ambos matrimonios detona la comedia, pero también pone sobre la mesa preguntas sobre deseo, comunicación, fidelidad y las versiones que construimos de nuestra propia relación.
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Una conversación que nadie quiere tener
Angela y Joe viven a la defensiva. Ella siente que su vida se ha reducido al hogar y él responde con evasiones, cansancio y sarcasmo. Sus problemas no surgen esa noche, solo encuentran una nueva audiencia y una razón para sacarlos a la luz.
Pina y Hawk entran al departamento con otra energía. Desde el primer momento muestran cercanía, picardía y una libertad que desconcierta a sus anfitriones. Su presencia obliga a Angela y Joe a observarse desde afuera. Cada confesión rompe una capa de cordialidad hasta transformar la cena en una terapia de pareja inesperada.
La película entiende que una relación puede deteriorarse con pequeñas omisiones. Nadie necesita cometer una gran traición para causar daño. A veces basta con dejar de escuchar, minimizar el malestar del otro o convertir la ironía en la única forma de comunicación.
Ahí está uno de sus mayores aciertos: tomar un conflicto reconocible y desarrollarlo sin grandes giros ni escenarios espectaculares. La incomodidad nace de frases que muchas parejas han pensado, escuchado o evitado.
Olivia Wilde y Seth Rogen sostienen la noche
Olivia Wilde y Seth Rogen se llevan buena parte de la película. Wilde interpreta a Angela desde la frustración, el resentimiento y una vulnerabilidad que aparece poco a poco. Rogen aprovecha su capacidad para la comedia, pero evita convertir a Joe en una simple fuente de chistes. Su humor funciona como defensa frente a una conversación que ya no puede posponer.
Penélope Cruz y Edward Norton aportan el contraste. Pina tiene seguridad, curiosidad y una presencia capaz de alterar el equilibrio del departamento. Hawk parece más sereno, aunque su forma de mirar el amor tampoco está libre de contradicciones. Ambos personajes comienzan como la pareja idealizada y terminan mostrando sus propias grietas.
La química entre los cuatro permite que la película avance mediante conversaciones largas, silencios y cambios de poder. Los últimos minutos reducen la comedia y se acercan a una sesión de terapia. Las bromas ceden espacio a las preguntas difíciles: qué queda de una pareja cuando desaparece el deseo, cuánto puede repararse y qué sucede cuando finalmente se dicen las cosas en voz alta.
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Un regreso más contenido para Olivia Wilde
Después de la recepción dividida y la conversación mediática que acompañó a Don’t Worry Darling, Wilde regresa con una película de escala menor y con mucho mayor control. En lugar de construir un universo visual amplio, concentra la atención en cuatro actores, una noche y un conflicto cotidiano. The Invite también recupera el tono de comedia adulta que marcó su debut como directora, aunque aquí la ligereza convive con una mirada más amarga sobre la vida en pareja, tal vez un guiño a los últimos momentos de su matrimonio con el comediante Jason Sudeikis.
La historia puede sentirse demasiado directa en algunos momentos, pero su reparto evita que el discurso domine a los personajes. El sarcasmo, la tensión sexual y la incomodidad mantienen viva una conversación que podría haberse vuelto solemne.
Recomendación Dapper
The Invite conecta porque reconoce algo profundamente humano: muchas relaciones no terminan por falta de amor, sino por la incapacidad de hablar antes de que todo se convierta en resentimiento.
Es divertida, incómoda y emocionalmente precisa. También tiene el extraño poder de hacer reír a una sala completa mientras cada persona recuerda una conversación pendiente.
Una advertencia: quizá no sea la mejor película para ver en pareja durante una crisis. La cena de Angela y Joe podría llevar la conversación de la pantalla directamente a casa.
Calificación: 10/10