Trámite: diez años construyendo una escena de arte contemporáneo desde el Bajío

una década de su primera edición, Trámite se ha convertido en una plataforma para conectar artistas, curadores, coleccionistas y nuevos públicos de una región.
Trámite

Durante años, hablar del circuito del arte contemporáneo en México significaba inevitablemente terminar en Ciudad de México. Ferias, galerías, museos, coleccionistas, curadores. Todo parecía gravitar hacia el mismo punto. Cuando Miguel Loyola regresó a vivir a Querétaro alrededor de 2015, encontró una realidad distinta: la actividad cultural existía, pero estaba dispersa.

 

Fue entonces cuando conoció a Bianca Peregrina, productora cultural y hoy directora de Trámite. Él veía una ciudad con una historia cultural propia; ella llegaba con referencias de la escena de la capital y la impresión de que en Querétaro todavía había mucho por construir. De esas dos miradas nació una pregunta bastante sencilla: ¿por qué esperar a que todo sucediera en Ciudad de México?

 

“El futuro de la cultura regional es vernos como ciudades pequeñas como si fuéramos colonias de una gran ciudad”, recuerda Loyola. La lógica era reunir a quienes estaban trabajando en Querétaro con artistas y proyectos de Aguascalientes, San Luis Potosí, Guanajuato, Hidalgo y otros estados, hasta empezar a reconocer una escena que ya existía, aunque no necesariamente se encontraba conectada.

 

Miguel Loyola

Una escena propia, no una copia de la capital

 

Trámite se define actualmente como una plataforma descentralizada de colaboración y experimentación enfocada en generar nuevos públicos y coleccionistas de arte contemporáneo en el Bajío. Su sede está en Querétaro, pero su campo de acción nunca se ha limitado al estado.

 

Esa distinción es importante para Loyola. En los primeros años, el proyecto también invitó galerías y modelos provenientes de otros lugares hasta descubrir que replicar las dinámicas de Ciudad de México no necesariamente ayudaba a construir una escena local.

 

“Nos dimos cuenta de que esta escena tenía que ser endémica y auténtica, responder a las necesidades de la comunidad y a la necesidad de cultura propia de la región”, explica.

 

La intención tampoco es decidir desde arriba qué merece llamarse arte contemporáneo. Las convocatorias han buscado mantenerse abiertas a artistas de distintas técnicas, edades y formaciones, mientras el programa se construye durante el año mediante curadurías, proyectos invitados, residencias y encuentros. Por eso Loyola insiste en que Trámite no es exactamente una feria, aunque durante tres días pueda parecerlo.

 

“La cultura debe construir comunidad”, resume.

 

Aprender a mirar, preguntar y elegir

 

Esa idea también modifica la relación con el público. Trámite no parte de la expectativa de que quien entra conozca artistas, movimientos o precios. De hecho, buena parte de su trabajo durante estos diez años ha consistido en recibir a personas que quizá nunca habían comprado una obra y permitir que desarrollen su propia relación con el arte.

 

Loyola lo explica desde el coleccionismo: comprar arte no empieza cuando se tiene presupuesto para adquirir una pieza costosa, sino cuando se entiende qué se está eligiendo y por qué.

 

“El coleccionismo empieza con la primera obra y con esa conciencia”, dice.

 

Hay música, cerveza, conversaciones y un ambiente deliberadamente menos rígido que el de ciertos circuitos tradicionales. El evento funciona como puerta de entrada, pero detrás existe un propósito de largo plazo: formar espectadores capaces de preguntar, comparar, incomodarse frente a una pieza y, eventualmente, construir una colección si así lo desean.

 

Ese proceso ya tiene resultados. Loyola recuerda artistas que aparecieron en las primeras ediciones de Trámite y que años después comenzaron a participar en Zona Maco y Salón ACME. Para el equipo, ver esas trayectorias insertarse en circuitos nacionales confirma que una plataforma regional también puede funcionar como punto de partida.

Diez años, una nueva edición

 

Esta semana, Trámite celebra su décimo aniversario con Tomo 0010: Diez años de harto cariño, del 16 al 18 de octubre en Hotel Hércules, Querétaro, dentro de la antigua fábrica textilera. La edición revisa parte de la historia del proyecto mientras vuelve a reunir artistas, curadores, coleccionistas y espacios independientes.

 

Michel Blancsubé participa con una revisión de artistas que han pasado por Trámite durante esta década, mientras Tania Ragasol presenta una selección enfocada en creadores de Querétaro. La programación incorpora además archivos, refugios, proyectos invitados y nuevas curadurías.

 

Para Loyola, el siguiente reto no consiste únicamente en crecer hacia afuera, también quiere que quienes viven en Querétaro hagan suyo el encuentro y lo incorporen al calendario cultural de la ciudad.

 

Después de diez años, la pregunta inicial sigue vigente, aunque la respuesta es mucho más visible: una escena artística no necesita esperar la validación del centro para comenzar a existir. 

 

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