En una esquina de la Roma Norte, justo donde la ciudad parece acelerar, existe un lugar que propone lo contrario: encontrar el propio ritmo. “La Cadencia” Lonchería es mucho más que un restaurante; es una extensión natural de la filosofía de la bicicleta aplicada a la mesa.
Fundada en 2013 por Óscar Alexanderson, “La Cadencia” nació de una intuición clara: unir dos pasiones que parecen no tener relación; la gastronomía y el ciclismo, y así convertirlas en un mismo trayecto. El nombre no es casualidad. “Cadencia” es el ritmo del pedaleo, ese equilibrio entre velocidad y resistencia que define la experiencia sobre la bici.
Y “lonchería”, rescatado casi por destino de los permisos originales del local, evoca lo cotidiano, lo cercano, lo que forma parte del día a día sin pretensiones. El resultado es un espacio honesto, bien pensado y profundamente coherente.

Cocina cotidiana con intención contemporánea
La propuesta culinaria está bajo una premisa clara: hacer comida mexicana reconocible, pero ejecutada con sensibilidad actual. Enchiladas, chilaquiles, sopes, desayunos completos y platillos de comida corrida encuentran aquí un nuevo aire, integrando opciones veganas y sin gluten con el mismo nivel de cuidado que cualquier versión tradicional.
En La Cadencia no hay menús “alternativos” escondidos para quienes comen distinto: cada sección tiene su equivalente vegano, con la misma intención estética y gustativa. Unos chilaquiles con arrachera pueden convivir en la mesa con otros de chorizo vegano, ambos igual de potentes. Esa equidad en la experiencia habla de una cocina inclusiva, pero sin discursos forzados.
Entre los imperdibles están los chilaquiles con mole jiqueño: un mole veracruzano ligeramente dulce, complejo y profundo. El famoso burrito de alto riesgo, nacido en pandemia y convertido en favorito absoluto. Arrachera, tocino, chorizo, frijoles, arroz, aguacate y queso envueltos con generosidad: un platillo que no pide disculpas y que entiende el apetito urbano.
La experiencia está pensada como paquete completo. El desayuno incluye jugo y café; la comida suma sopa y bebida. Hay una vocación clara por ofrecer hospitalidad, no solo platillos.
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Más que clientes: comunidad en movimiento
Pero La Cadencia trasciende el menú. Desde su origen se concibió como punto de cruce, no solo geográfico sino simbólico. La bicicleta funciona aquí como un lenguaje común: movilidad consciente, comunidad, ciudad compartida.
Durante más de una década, el espacio ha dialogado activamente con la comunidad ciclista: apoyando eventos, activismo urbano, propuestas de movilidad segura y encuentros informales donde el café, el pan dulce y la conversación sobre rutas y cuadros de acero se vuelven ritual.
Incluso existe un guiño directo para quienes llegan pedaleando: el “Biciyuno”, un menú especial accesible mediante QR para ciclistas en horario matutino. Un gesto que refuerza la identidad del lugar y su lealtad a quienes viven la ciudad en dos ruedas.
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El siguiente pedaleo
A trece años de su apertura, La Cadencia no se repliega: evoluciona. Los viernes por la noche el horno toma protagonismo con jornadas de pizza otra de las pasiones personales de Óscar y el proyecto vislumbra expandir esa faceta hacia algo más grande. También crece la línea de catering y box lunches para producciones audiovisuales, organizaciones y eventos culturales, manteniendo el mismo estándar de calidad y cercanía.
La Cadencia no busca ser el restaurante de moda. Busca ser ese lugar al que vuelves porque encaja con tu forma de habitar la ciudad. Porque respeta tu tiempo. Porque entiende el ritmo.
En Dapper, celebramos espacios que no solo alimentan, sino que construyen identidad urbana. Y La Cadencia Lonchería lo hace con claridad: pedaleando firme, plato a plato.
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