Vino, comida y cero solemnidad: así es el nuevo menú de Somma

El wine bar de Polanco renovó su propuesta gastronómica con nuevos platos, maridajes y una idea clara: comer, beber y descubrir vino sin necesidad de tomárselo demasiado en serio.
Somma

Hay una idea bastante extendida alrededor del vino: que para disfrutarlo hay que conocer de uvas, regiones, añadas y términos que pueden hacer que una copa parezca más complicada de lo que realmente es. Somma quiere quitarle un poco de solemnidad.

 

Durante una reciente experiencia en su ubicación de Polanco, este wine bar presentó su renovación gastronómica con un menú maridaje diseñado para recorrer diferentes estilos de vino y demostrar que una buena copa puede acompañar desde una tostada de atún hasta un tartar de carne, mientras la mesa sigue siendo el centro del plan.

 

La propuesta de Somma parte precisamente de ahí: vino, cocina, coctelería y música conviven en un espacio pensado para quedarse más de una copa.

 

 

Un wine bar que no quiere ponerse serio

 

Somma comenzó como un wine bar en Río Lerma y hoy cuenta con tres ubicaciones, cada una con una personalidad propia. La de Polanco, ubicada en Virgilio 8, busca llevar esa idea un poco más lejos: comer bien, pedir una copa, compartir platos y dejar que la noche avance sin demasiadas reglas.

 

La filosofía también se refleja en su manera de acercarse al vino. El equipo de Somma insiste en que no hace falta saber de vino para disfrutarlo. De hecho, cuentan con al menos un sommelier en cada unidad para ayudar a los visitantes a encontrar una botella o una copa que realmente disfruten, sin convertir la experiencia en una clase.

 

Y eso se nota cuando llega la comida.

 

Tartar de carne

 

El maridaje también puede ser una sorpresa

 

Uno de los platos fue una tostada de atún, acompañada con un Riesling 2024 de Julian Haart, proveniente de Mosel, Alemania.

 

La elección tiene sentido cuando se prueba en conjunto: el vino aporta acidez y mineralidad, además de un ligero dulzor que ayuda a equilibrar el picante y la untuosidad del plato. El propio sommelier comparó la función de esa acidez con algo tan sencillo como ponerle limón a un taco.

 

Y ahí está uno de los puntos interesantes de la experiencia: entender que maridar no tiene que convertirse en una lista interminable de reglas. A veces basta con encontrar qué sabores se complementan.

 

La misma lógica apareció con la alcachofa, acompañada por un Grüner Veltliner de Krutzler, productor austriaco con cinco generaciones dedicadas al vino.

 

La variedad, originaria de Austria, suele presentar notas cítricas y herbáceas, además de un ligero amargor. Justamente esas características funcionan con ingredientes verdes y vegetales como la alcachofa, los berros o la arúgula.

 

 

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De Mendoza a Ribera del Duero

 

Para el tartar de carne, Somma eligió un Cabernet Franc San Carlos de Catena Zapata.

 

El plato combina carne, mostaza Dijon, mostaza antigua, alcaparras, aceituna negra y queso Grana Padano, además de dos acompañamientos para jugar con las texturas: chips de papa y crostinis.

 

El vino, proveniente de Mendoza, permitió hablar de uno de los elementos que más interesan al equipo detrás de la selección: la altura. Los viñedos de Catena Zapata parten de alrededor de 1,350 metros sobre el nivel del mar, mientras que algunas de sus parcelas alcanzan mayores altitudes.

 

Después llegó Malabrigo, un Tempranillo de Ribera del Duero elaborado por Bodegas Cepa 21.

 

Con entre 16 y 18 meses en barrica francesa, el vino busca mantener el equilibrio entre fruta, frescura, mineralidad y estructura. Para el sommelier de Somma, es uno de los vinos más interesantes de la bodega y una buena muestra de lo que puede ofrecer un Tempranillo de altura.

 

También hay espacio para un Martini

 

Porque si algo define la propuesta de Somma es que no todo tiene que ser vino. Durante la experiencia también fue posible preparar un Martini al gusto. La dinámica parte de la estructura clásica del cóctel, un destilado, vermut y una guarnición, y permite elegir entre diferentes posibilidades.

 

Para quienes prefieren algo más conocido, el Espresso Martini también forma parte de la experiencia.

 

Es una buena manera de entender la filosofía del lugar: puedes llegar pensando en tomar una copa de vino y terminar descubriendo un Grüner Veltliner; puedes ir a cenar y quedarte por los cócteles; o simplemente pedir algo que nunca hayas probado y dejar que el equipo te explique por qué funciona.

 

La idea es quedarse un poco más

 

La renovación de Somma no busca convertir el wine bar en un restaurante tradicional ni hacer del vino un ejercicio de conocimiento.

 

La apuesta es más sencilla: hacer que comer y beber bien sea una experiencia social, accesible y divertida. Porque quizá esa sea la mejor forma de acercarse al vino: no desde la obligación de saberlo todo, sino desde la curiosidad de probar algo nuevo.

Y si además hay buena comida, música y una mesa llena de amigos, mucho mejor.

 

Somma Polanco
Virgilio 8, Polanco III Sección, CDMX.

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