Con Terapia Familiar, Macarena Miguel se adentra en una historia atravesada por secretos, afectos y conversaciones pendientes. En entrevista con Dapper, la actriz habla sobre la construcción de Ana, el trabajo detrás de una familia creíble en pantalla y la importancia de aprender a decir lo que sentimos.
Terapia Familiar (2026), dirigida por Mariana González, sigue a Victoria (Dominika Paleta), una mujer de unos 50 años que regresa a la Ciudad de México para vender la casa familiar y salvar de la quiebra su centro holístico. El regreso termina provocando un reencuentro caótico con sus hijos adultos y obliga a la familia a enfrentarse con aquello que durante años permaneció sin decirse. La película tuvo su estreno mundial en julio de 2026 durante la edición 29 del Festival Internacional de Cine Guanajuato.
“Todos tenemos una familia disfuncional estándar”.
Macarena Miguel lo dice entre risas, pero la frase resume bastante bien lo que encontró cuando leyó por primera vez el guion. Le interesó precisamente que la película hablara de una familia común: con problemas, momentos felices, secretos y asuntos que muchas veces permanecen sin resolverse.
“Creo que hacen falta historias familiares con las que podamos conectar de otros modos”, explica.
En la película interpreta a Ana, la hermana mayor. Un personaje con el que comparte algunas similitudes, sobre todo esa tendencia a querer resolver los problemas de los demás.
“Te vuelves una especie de ancla que está todo el tiempo queriendo resolver cuestiones internas”, cuenta. Pero para Macarena, Ana va mucho más allá de ser simplemente “la hermana regañona”. Es alguien que quiere profundamente a su familia, aunque no siempre sepa cómo comunicarlo.
Lo que pasa cuando una familia deja de hablar
Una de las ideas que más le dejó el proyecto fue la importancia de la comunicación.
En Terapia Familiar, cada personaje carga con su propia versión de lo ocurrido y con cosas que nunca terminaron de hablarse. Esa falta de diálogo termina afectando no solo la convivencia familiar, sino también otras áreas de sus vidas.
“Los secretos y el no comunicar ciertas cosas generan conflictos que a veces no somos conscientes de que se están generando por no decir las cosas”, reflexiona.
Para Macarena, la película funciona también como una invitación a atravesar esas conversaciones incómodas que solemos postergar.
“Muchas de las cosas se pueden resolver siendo frontales y hablando las cosas de frente”.
Construir una familia antes de filmar
Para que esos vínculos funcionaran frente a cámara, el elenco pasó cerca de dos meses trabajando antes del rodaje.
Hubo ensayos diarios y ejercicios pensados para generar una conexión que no dependiera únicamente del diálogo. En uno de ellos, por ejemplo, los actores tenían que transmitir una emoción sin hablar ni moverse, solamente a través de la mirada.
“Eso nos ayudó mucho a leernos la mente, a realmente poder conectar de otras formas”, recuerda.
La convivencia terminó reforzando esa dinámica. Buena parte del proyecto se filmó fuera de México, lo que significó compartir no solo el set, sino también desayunos, comidas, cenas y buena parte del día.
“Nos ayudó mucho a generar esta relación”, cuenta.
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La complicidad con Dominika Paleta
Dentro de esa construcción familiar, la relación entre Ana y Victoria necesitaba una atención especial.
Ana es la hija mayor y también quien observa constantemente a su madre, sospecha que algo sucede y trata de sostener al resto de la familia.
Macarena y Dominika trabajaron esa relación desde la conversación, la convivencia y ejercicios específicos entre ambas.
“Habían ejercicios que eran nada más entre ella y yo para justo generar esta complicidad”, explica.
De Dominika también se llevó una enseñanza más personal: aprender a bajar la intensidad de los conflictos y cuidar mejor su propia energía.
“Bajémosle tres rayitas al conflicto, todo está bien, todo se puede resolver”, recuerda sobre una actitud que identifica mucho con su compañera.
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Una historia que pone a una mujer madura en el centro
Otro elemento que llamó especialmente su atención fue que Terapia Familiar coloca en el centro a una mujer en sus cincuenta.
“Hace mucho que no vemos una mujer en sus 50 de protagonista”, señala Macarena.
Victoria tiene hijos adultos, conflictos familiares, un proyecto propio y decisiones que todavía debe tomar. Para la actriz, contar esa etapa resulta importante porque recuerda que el crecimiento personal no termina con la juventud.
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Cinco maneras distintas de pedir amor
Para Macarena, uno de los mayores aciertos de la película es que cada integrante de la familia entiende el cariño de una manera diferente.
“Todos tienen maneras diferentes tanto de ser como de pedir amor”, explica.
Ahí está también la posibilidad de que el público se reconozca en alguno de ellos: en quien intenta resolverlo todo, en quien guarda secretos, en quien evita hablar o en quien simplemente no sabe cómo pedir lo que necesita.