Nacho Tahhan atraviesa una etapa de trabajo intensa. Además de actuar, participa en procesos de producción, desarrolla nuevos proyectos y mantiene una relación constante con el teatro. Entre esa agenda regresó a Siete veces adiós, la puesta en escena que protagoniza junto a Zuria Vega y que ha reunido a una comunidad fiel de espectadores desde su estreno.
La obra recorre una historia de pareja a través de momentos que se extienden durante varios años. La música ocupa un lugar central dentro de la experiencia y acompaña una narrativa atravesada por acuerdos, desacuerdos y despedidas. Su estructura permite que cada espectador encuentre una referencia cercana, incluso si llega con una historia personal muy distinta.
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Tahhan conoce bien ese universo. Ya había formado parte de la obra con otras actrices, pero su regreso junto a Zuria Vega tiene una dinámica particular. Ambos comparten una amistad construida con el tiempo y una manera similar de aproximarse al teatro. Esa confianza se traslada al escenario y ayuda a sostener una relación que, dentro de la historia, carga con siete años de convivencia.
“Hay cosas que no se pueden actuar y es el tiempo. El tiempo de un cuerpo, la experiencia de un cuerpo, de un vínculo, esas cosas son muy difíciles de actuar”, explica.
Su comentario permite entender uno de los retos principales de la obra. La química no depende únicamente del texto. También necesita escucha, atención y una relación escénica que pueda cambiar frente al público sin sentirse calculada. Tahhan y Vega parten de una cercanía real, pero el trabajo exige convertir esa base en una historia comprensible para quienes observan desde la butaca.
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La escena como espacio de atención
Tahhan no habla de la actuación como una acumulación de recursos visibles. Su proceso comienza por mantener la atención despierta. Antes de cada función busca reducir distracciones, respirar y estar disponible para lo que ocurra en escena. La concentración importa porque el teatro nunca se repite de la misma forma: un silencio puede durar un poco más, una reacción puede tomar otro camino y una pausa puede modificar el ritmo completo de una secuencia.
Al terminar la función, no necesita alejarse del personaje mediante un ritual fijo. El cuerpo baja la intensidad de manera gradual después del esfuerzo físico y emocional. El cansancio aparece por la exigencia de sostener la voz, la energía y la atención durante toda la obra. La historia queda en el escenario; la excitación del trabajo tarda un poco más en desaparecer.
Su mirada sobre el oficio se ha construido desde distintos lugares. Tahhan es actor, psicólogo, músico y productor. También ha dirigido, escrito y participado en áreas técnicas dentro de proyectos audiovisuales. Aunque reconoce que actuar sigue siendo su principal interés, involucrarse en otras tareas le permitió comprender mejor el trabajo colectivo.
Desde su perspectiva, un actor necesita entender qué sucede alrededor de la escena. Esa mirada ayuda a dimensionar el peso de cada decisión y evita que el intérprete pierda de vista a las personas que sostienen una producción desde otros frentes.

Teatro y pantalla: dos exigencias distintas
Durante la conversación también aparece su participación en Doc (2026), la serie de Netflix en la que interpreta a Mario Rentería. El contraste entre ambos proyectos sirve para hablar sobre las diferencias entre el escenario y la pantalla.
En teatro, el tiempo de ensayo permite probar caminos, corregir movimientos y explorar alternativas. Una obra crece a partir de esa repetición consciente. En una serie, el ritmo suele ser más inmediato. El actor llega al set con herramientas que debe activar con precisión frente a la cámara. La dinámica cambia, pero el rigor permanece.
Tahhan disfruta esa variedad. Le interesa pasar de una producción de gran escala a una propuesta teatral más íntima, y también encontrar espacio para proyectos experimentales como Ego, obra en la que participó como actor y productor asociado. En cada formato aparece una pregunta distinta sobre el oficio.

Una práctica que no se agota
Cuando habla sobre la industria, Tahhan evita una visión idealizada. Reconoce que el medio puede ser hostil, que la competencia atraviesa muchas decisiones y que el mercado ocupa un lugar importante dentro de la carrera de cualquier actor. Frente a ese escenario, insiste en conservar claridad sobre los motivos que llevan a alguien a elegir esta profesión.
Su interés actual está en la capacidad de la actuación para ampliar la experiencia personal. Le atraen los proyectos que permiten salir de hábitos conocidos y probar otras formas de habitar el cuerpo, la voz y la escena.
“La actuación puede ser algo que te enseña a vivir más ancha y ampliamente”, señala.

Esa idea aparece con claridad en su regreso a Siete veces adiós. La obra mantiene una estructura accesible y una conexión directa con el público, pero también exige precisión. Tahhan encuentra en ella un espacio para trabajar desde el vínculo con Zuria Vega, la atención al presente y una curiosidad que todavía conserva intacta.
Para quienes no han visto la obra, su invitación es sencilla: acercarse al teatro y dejar que la experiencia complete la historia.